Quién soy en cinco lecciones de vida
1. Las frases son mi brújula
Escribir me ha orientado en todas mis vidas: del periodismo a la política, de la filosofía a la gestión cultural, de la escritura a la enseñanza. No sufrí la crisis de los 40, pero sí la de los 50 —con hospital incluido—. Volví a encontrarme al identificar mi norte. Escribir me mantiene viva.
Nunca tomé la decisión consciente de ser escritora, pero siempre me fascinaron las frases, más que las palabras. Estaban a mi disposición y jugué a montarlas y desmontarlas, como piezas del Lego: me asombraba lo que era capaz de construir en el aire y en mi cabeza. Los textos se escriben por el revés y se leen por el derecho, pero ambos actos tienen la misma textura. En mi afán lector, acometí muy pronto la Enciclopedia Larousse Juvenil con el ánimo de leerla entera, aunque sólo llegué hasta “abeja”. Me mueve a escribir el sentimiento de que hay algo que es urgente decir. Mis textos más personales se quedan en mis cuadernos.
Confío en las palabras y las respeto. Confío en lo que otros dicen y en lo que yo soy capaz de expresar. El lenguaje no es infalible, pero conoce sus límites; a través de él yo investigo los míos. Todo lo relevante que Sapiens ha hecho comenzó hablando, por eso soy una apasionada de la conversación.
Mi primer reconocimiento llegó en 1991, con el Premio Círculo de Lectores por el relato Rimara. Luego vinieron miles de artículos y una decena de libros, como Lenguas en guerra (Premio Espasa de Ensayo, 2005), Son molinos, no gigantes (2020), biografías, novelas, y memorias presidenciales que he escrito como ghostwriter (Manual de resistencia y Tierra firme, de Pedro Sánchez). He colaborado con medios nacionales: El País, El Diario, La Vanguardia, El Mundo, El Confidencial, ABC; e internacionales, como el diario Expressen de Suecia y BBC Radio. Escribiendo frases trabajé en la sección de Opinión de El Mundo y fui enviada especial a países como Argelia, Nicaragua o Marruecos (1995-2005).
2. La curiosidad no mató a nadie
Las preguntas me sirven para mantenerme despierta. De un tiempo a esta parte he dejado de esforzarme en contestar las de otros e intento aclarar las mías.
Si algo ha definido mi camino ha sido la curiosidad. A los 18 años me fui a estudiar inglés a Bournemouth, trabajé de au pair y secretaria, aprendí a cuidarme y a hacer amigos sin conocer a nadie. Me hice anglófila (aunque desde 2016 me estoy quitando) y estudié Filosofía en el Birkbeck’s College, de la Universidad de Londres, donde asistí a uno de los cursos más divertidos de mi vida, con Slavoj Žižek. Entendí que para enseñar de verdad hay que romper cosas.
Me licencié en Filología Hispánica (especialidad de Lingüística) y años después hice un Máster en Filosofía con una tesina sobre redes sociales y crisis epistémica: todas mis preocupaciones sobre la crisis de atención estaban ya ahí. Siempre estoy estudiando: desde un curso para aprender a respirar —cuando casi nadie sabía lo que era el pranayama— hasta Machine Learning for Business (MIT) o The Science of Happiness (Berkeley). En 2023 estudié Character y Writing Humor en el Gotham’s Writers Workshop de Nueva York.
Domino el inglés (Proficiency), tengo nivel B2 de francés y B1+ de alemán.
3. No hay que arriesgar para ganar, sino para vivir
He abandonado varias veces la comodidad de lo conocido –la redacción por el trabajo independiente, el periodismo por la política, la política por la literatura– y he descubierto que, en contra del tópico, una no arriesga para ganar, sino para vivir. Si no me hubiera movido del sitio habría vivido una sola vida. Y voy por la tercera. Tampoco diré que sale gratis: amar el cambio significa aprender a vivir con raíces tenues y pertenencias sutiles.
Mi vida está tejida de cambios radicales. Dejé un trabajo fijo en El Mundo por dos colaboraciones mal pagadas, y a los pocos meses gané el Premio Espasa de Ensayo. Entré en política sin garantías, movida por el sentido cívico y la curiosidad. Tras obtener un escaño, logré denunciar el acoso sexual en el Ejército y escribí el libro No, mi general.
Fui Secretaria de Estado para España Global (2018–2020) y de Deportes (2020–2021), donde impulsé la profesionalización del fútbol femenino. También dirigí Casa Árabe (2021-2025).
4. El conocimiento bien entendido empieza por una misma
Haciendo terapia descubrí mis carencias emocionales y mis trampas mentales. Empecé a conocerme mejor. Con los años fundé The Thinking Campus, una Escuela de Filosofía para líderes y ciudadanos que nunca fue rentable, pero dejó huella. En la filosofía hay muchas enseñanzas para la vida cotidiana y sigo dándole vueltas a cómo hacerlas asequibles, porque las necesitamos más que nunca.
No creas ese tópico de que si persigues tu sueño con suficiente constancia se cumplirá siempre. Algunos sueños no se cumplen (por ejemplo, vivir de enseñar Filosofía), otros se convierten en polvo. Lo importante es decir casa, pan, árbol.
Cuando mi vida se parece a una alcantarilla miro más a las estrellas. Solía ser tímida. Pero a fuerza de práctica, aprendí a conversar en medios.
Hoy disfruto hablando en platós, aulas y estudios de radio. En el tiempo que dirigí y presenté la sección “Más Platón y menos WhatsApp” en La Ventana con Carles Francino, me divertí mucho. Hablábamos de estoicismo, epicureísmo, filosofía práctica… Y todo lo que se nos cruzaba por el camino.
5. En los amigos me refugio y aprendo
En algún sitio leí que una se acaba pareciendo a las cinco personas con las que más tiempo pasa. Mi mayor fortuna es haber estado rodeada, casi siempre, de gente muy interesante en todos mis trabajos. Y de muchos me he hecho amiga. Me conjuro a diario para que no se me pegue la intolerancia ni se me disipen las dudas. Me siento cómoda en la incertidumbre y los matices. No creo que las respuestas sean 0/1, eso me diferencia de ChatGPT.
Valoro profundamente la conversación, la amistad y el pensamiento compartido. Me crié en una urbanización de Majadahonda (Delta) donde imperaba el espíritu libre y artístico. Entre mis amigos de la adolescencia, si no querías ser escritor, pintor o director de cine eras un pringado. Aún creo que una buena charla entre amigos es una de las mejores cosas de la vida.
Mis primeros jefes en la redacción de El Mundo me enseñaron a dudar con rigor y que tener las preguntas adecuadas es mejor que tener las respuestas. Mi madre me enseñó a ser libre a través de mi profesión. Hoy aprendo de amigos y amigas inquietos.
Soy profesora de escritura creativa en Escuela de Escritores y en University of the Arts ArtEZ (Países Bajos), y he enseñado en Columbia University, Esade, Deusto, CUNEF y el Instituto Cervantes, entre otras. Sigo explorando la escritura fantasma, la relación entre narrativa y ensayo, y el impacto de la inteligencia artificial en la creatividad.
Practico senderismo, aunque mi perra Rumba es vaga y prefiere paseos en llano. He dejado de fumar y quiero recorrer las islas griegas en bici. De mi abuelo Segundo, maestro al que no conocí, heredé una idea: aprender es también saber qué olvidar.
Obra publicada
Ensayos
Son molinos, no gigantes. Cómo internet y las redes sociales dañan nuestra democracia, Barcelona, Península, 2020.
Biografías y memorias
Ficción
- Si sufrir fuera sencillo, Madrid, Espasa, 2018.
- Rimara (relato), Premio Círculo de Lectores, 1991.
Ensayos breves en forma de prólogos
- “Un hombre decente”, prólogo a Ensayos, de George Orwell, Madrid, Debate, 2013.
- Prólogo a Rumorología, de Cass Sunstein, Madrid, Debate, 2010.
- Prólogo a Sobre el periodismo, de Joseph Pulitzer, Madrid, Gallo Nero, 2011.
- Prólogo a Es lo que hay, de Rosa Díez. Debate, 2011.