Muchos listos y poca inteligencia

El atentado de Francia demuestra que, en la lucha contra el terrorismo yihadista, hay que disparar, pero antes hay que apuntar. Si no afinamos la puntería al aprobar medidas para enfrentarnos a esa grave amenaza, corremos al menos tres riesgos.
El PP y el PSOE han querido escenificar un acuerdo a gran velocidad. Es doctrina asentada en nuestro país que las prisas corresponden a los delincuentes y a los malos toreros. Delincuentes, vale, pero ¿malos toreros? El primer riesgo resulta evidente: precipitarse en materia tan sensible puede dar la apariencia de que se busca un mero efecto propagandístico, ése tan español de enfrentarse a los problemas con leyes y no con soluciones. A final parece que lo van a aprobar, no como parte de la reforma del Código Penal actualmente en discusión, sino como una reforma sobre la actual reforma. Sí, una especie de parte contratante de la primera parte que revela la voluntad propagandística del asunto.

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Las tres estafas de Bankia

Se acabó el simulacro. La ficción contable de Bankia construida por Rodrigo Rato ha quedado desvelada. ¿Y ahora qué? Preguntemos a los responsables políticos de la gestión de Caja Madrid y Bankia. El informe pericial sobre las cuentas de Bankia describe una estafa masiva y otros posibles delitos nada desdeñables. Las conclusiones de los peritos resultan demoledoras, y anticipan ingresos en prisión de muchos que hasta su último día de libertad seguirán pisando moqueta. En 400 páginas se describe la gestión ruinosa de Rodrigo Rato, especialmente en lo relativo al riesgo inmobiliario y crediticio. Queda claro que la propia entidad ocultó de forma deliberada esa penosa situación en su salida a bolsa. Los accionistas fueron engañados a gran escala: se manipuló el precio de las acciones y se falsearon los estados financieros. No nos quedemos en lo penal, no obstante: el detalle de las tarjetas blackdestapa lo que sospechábamos. Los peritos del Banco de España señalan “la clara voluntad de ocultar la existencia de estas tarjetas y sus gastos asociados” por parte de Caja Madrid y Bankia. Quemaban tarjeta todos los partidos viejos –PP, PSOE e IU–, los sindicatos y la patronal. No hay retrato más fidedigno de la elite insensible, ladrona y chulesca que nos ha llevado a la ruina que esos informes periciales. Sólo falta un invitado en este baile, pues los dos peritos del Banco de España dan cuenta al juez de todas las responsabilidades excepto la del propio Banco de España. ¿Inexplicable o se nos ocurre alguna explicación? Resulta crucial que no perdamos de vista la estafa política. La quiebra de Caja Madrid –y luego de Bankia– no fue un accidente financiero, consecuencia de la crisis financiera internacional, y cuando Rodrigo Rato lo explicó así en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados, intentaba engañarnos como había hecho con los accionistas. El saqueo estructural se encuentra en el diseño de Caja Madrid, Bankia y las demás cajas. Fue planificado, diseñado y ejecutado minuciosamente por ese establishment que lleva treinta años viviendo a costa de los ciudadanos. Quebraron Caja Madrid una vez e idearon la venta masiva de preferentes para que los abuelitos taparan los agujeros y pagaran la juerga. Pensaron que bastaría con saquear a sus clientes de mayor edad, pero no resultó suficiente. Decidieron ampliar el círculo a potenciales compradores de acciones, a los que estafaron en la salida a bolsa. Esos fueron los dos rescates privados de Caja Madrid-Bankia. Como tampoco les llegó, llevaron a cabo la ampliación definitiva:el rescate público de más de 20.000 millones, con el que fuimos estafados todos los ciudadanos. Los responsables penales irán a la cárcel, según todos los indicios. Cuando el banquero Bernard Madoff fue detenido por el FBI admitió: “Todo era una gran mentira”. Aquí no lo reconocerán los responsables políticos de la gran ficción financiera, no reconocerán su responsabilidad en el saqueo de las cajas, es decir, en nuestra ruina actual. No hay que fiarse de quienes quieren regenerar la democracia sin decir la...

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El desierto de lo real

Bienvenidos de nuevo al desierto de lo real, con la venia de Baudrillard. La ficción gubernamental dice que quieren erradicar la corrupción y regenerar la democracia. Lo real es la “degeneración” de la democracia, cuyo último episodio les relato. Se discuten en el Congreso desde hace algunas semanas reformas para regenerar la democracia. La base de la discusión son dos proyectos de ley del Gobierno, proyectos que se suponen acompañados por informes de órganos consultivos (Consejo de Estado, Consejo Fiscal, Consejo del Poder Judicial, etc.). Quiero decir con esto que ya mucha gente sabia ha reflexionado sobre ello. Además, hace ya más de un año se aprobaron por todos los grupos otras medidas contra la corrupción, tras el consabido debate parlamentario. El Gobierno cuenta asimismo con un informe elaborado por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Pues bien, todo esto aún no arroja luz sobre el oscuro asunto. Se decide llamar a más gente. Venga expertos, toneladas de expertos, que pasen ahora por la Comisión Constitucional para hablar de financiación de partidos y conflictos de intereses. Superflua pantomima: ¿acaso no están los grandes expertos en corrupción aquí dentro? Entiéndanme: ¿no son ellos quienes gobiernan los partidos y quienes han hecho durante los últimos 30 años las leyes oportunas? El grupo parlamentario de UPyD propone que comparezca Jorge Trías Sagnier. Fue diputadopopular y, como portavoz en la Comisión Constitucional, uno de los artífices de pasadas reformas de la financiación de partidos. El PP decide vetarlo con su mayoría despótica. En el camarote de los hermanos Marx de la lucha contra la corrupción ha sido el único que no ha cabido. Qué cosas. ¿Será porque atesora méritos jurídicos, políticos e institucionales? ¿Será porque habla con claridad y es leal a su país? ¿O porqueha escrito en alguna ocasión que existían los sobres en el PP? El PP no ha hecho esto solo. Han tenido al PSOE de compinche, y han ofrecido a IU las migajas de aceptarles algunos comparecientes para que callen, como cuando se reparten el CGPJ. Están juntos en esto: la corrupción se negocia en las cúpulas, como siempre, para que caiga sobre ella un oleoso consenso. El resultado será parejo al de la fracasada Ley de Transparencia: en su primer año ha provocado un descenso en la transparencia institucional. Increíble. La ficción gubernamental asegura que España se regenera. Lo real es que llevan años confundiendo los intereses del país con los suyos. Y ahora, cuando los acusamos de patrimonializar las instituciones –el Congreso es una más– para su uso partidista, nos miran con asombro, pensando: ¿pero cómo vamos a apropiarnos de algo que es nuestro? Esta es la situación en la que...

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España en el Casino

Era 19 de marzo de 2014, pero en el Casino de Madrid refulgían las lámparas y destellaban las autoridades como cuando iba a estallar la Gran Guerra y estábamos a tiempo de ser neutrales. Como en sus mejores épocas, el casino fue esa tarde el centro de reunión del poder, de todo el poder que ha contado en estos tiempos y todo el que quiere seguir contando. Se congregó todo el poder –también el periodístico, fingiendo ignorar su decadencia– en torno a la presentación de un libro. No hubiera habido coartada más noble, aunque el libro era lo de menos, tal como confesó en un gesto que le honra el propio autor, Enric Juliana, corresponsal de La Vanguardia en Madrid. La expectación se centraba en Màrius Carol, nuevo director de La Vanguardia. La sala olía a consenso y se empezó a hablar de España allí donde alguna vez un croupier alegre canturreó su “hagan juego”. La Vanguardia, ya saben, es aquel periódico que el 27 de enero de 1939 tituló: “Barcelona, para la España invicta de Franco”. Luego hizo la Transición, el Estatut, fabricó la identidad… En fin, La Vanguardia no actúa como portavoz del statu quo, sino que es el statu quo, su alfa y omega. Les recomiendo que consulten la larga lista de invitados. Yo había ido a escuchar con atención no exactamente lo que se dijera, sino el murmullo que fluye detrás de las palabras. No contaba con que se explicitaran tantas ideas. Carol contó sobre su nombramiento: “Se me pidió que La Vanguardia circule por donde ha circulado siempre”. O sea, que el conde de Godó admitió que se había salido del carril. Prosiguió Carol: “Vamos a presionar a los poderes públicos en Cataluña y España para que se entiendan”. No era murmullo, sino explicitud. Y atentos a esta frase suya: “Tenemos que buscar el empate, que todo el mundo salga bien. Eso es lo que me gustaría titular en La Vanguardia: nadie ha perdido”. ¿Ven la jugada? Nadie ha de ser derrotado, por tanto, nadie es responsable del grave conflicto político en que estamos inmersos. Una vez más, los españoles van a sentir en su piel el consenso: equivale a la irresponsabilidad absoluta de los políticos. Si el agujero de Bankia lo quisieron arreglar sin que nadie perdiera, ¿cómo no van a consensuar esto? No importa si en Cataluñaalguien ha cometido un error peor que un crimen. Da igual si el conflicto instigado por Mas nos absorbe energías políticas que debemos dedicar a un país en ruina económica y con un 25% de paro. No importa si el anuncio persistente de ruptura nos hace perder inversiones y oportunidades como país, ni tampoco cómo nuestra debilidad repercute en una pésima posición internacional. Sale gratis atizar falsos agravios, envenenar las relaciones entre españoles, que las familias catalanas ya no hablen de política. ¿De verdad alguien piensa que un país sale indemne de la tensión política a que nos somete una institución como la Generalitat? Y si no vamos a salir indemnes, ¿no debería alguien pagar los daños y perjuicios? El olor a consenso se hacía denso y nadie mencionaba las carencias y errores del modelo de Estado. Nada que pueda significar una evolución hacia unas instituciones fuertes con mandatos claros. Mejor lo amañamos todo aquí entre nosotros, los del Casino, la gente bien que se reúne para charlar de sus cosas. El olor devino irrespirable. Preparémonos para lo peor. A esa misma hora, en Asturias, PP y PSOE sellaban también un pacto, para blindar la ley electoral que les otorga su poder fraudulento. Sigo pensando que Asturias y Cataluña –por distintas razones– están siendo laboratorios de lo que puede ocurrir en España la próxima legislatura. Lo corroboré en ese casino cuyo brillo no consiguió disipar la pérdida: nadie canturreaba como antaño y ya no estamos a tiempo de ser...

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El estado del bipartidismo

Eran como el cangrejo ermitaño protegiéndose en la concha de caracol, como la anémona que viaja gracias al cangrejo: simbiosis bipartidista. No hubo debate sobre el estado de la Nación, sino sobre el estado del bipartidismo. En rigor, ni tan siquiera debatieron, hicieron sendos mítines; en el mejor de los casos, un careo. A cada “y tú más”, la respectiva bancada aplaudía enfervorecida, por momentos casi pateaba, porque una bancada digna de tal nombre siempre ha apreciado un “y tú más” por encima de cualquier argumento. Joseba Achotegui, un interesante profesor de Psicopatología decía anteayer en La Vanguardia: “El funcionamiento grupal es mucho más psicótico que el individual. Retrotrae al sujeto a dinámicas psíquicas primitivas”. Imagínense en ese hemiciclo a rebosar los decibelios que pueden alcanzar las psiques primitivas. Se llama debate, pero no hubo tal. Escribía Jeremy Bentham en sus Falacias políticas que estas comienzan a desplegarse sólo cuando el orador ha intentado sin éxito evitar la celebración del debate. Eso hizo Rajoy el primer año. Pero la colaboración para eludir el debate viene de antes: en campaña ambos pactaron no discutir sobre corrupción, pese a que descollaban ya entonces grandes corruptos. Cuando reformaron el 135 de la Constitución, acordaron liquidar el debate en dos días de agosto; y para pactar la composición del Consejo del Poder Judicial –que les evitará problemas con sus respectivos corruptos– también han hecho poco ruido. A veces, a ambos les conviene hablar de una realidad paralela: una España sin corrupción, una justicia independiente, esas ilusiones. Ayer, en cambio, había discrepancias sobre la realidad ysobre quién mentía mejor. El resultado final, en todo caso, es que el segundo problema para los españoles apenas ocupó cinco o seis minutos sumando a ambos. La falacia de Rajoy fue una muy sencilla de principio a fin: hay datos “tangibles” sobre la recuperación. Y la pregunta es: ¿qué mundo toca el presidente? ¿Qué realidad tiene a su alrededor? Susarriolas le hacen fabricaciones retóricas que él acaba creyéndose. Esto, a veces, da miedo, como cuando dijo que la reforma eléctrica era excelente. Hubo una patraña de Rajoy especialmente sangrante: afirmó que, por primera vez durante la crisis, ahora hay menos parados que hace un año. Sin embargo, no hay más empleos, pero esto no lo dijo. El aparente descenso del paro se debe a la gente que ha desistido de buscar o se ha ido al extranjero. ¿Pretende el presidente convencer a los parados de que no lo están o qué clase de juego es este? Nos quedamos sin saber cómo les parece a ellos que está la nación. Qué frustración: lo malo no es que carezcan de una visión global del país, es que no sienten la menor urgencia por hacerse con una. Hace unos días Carlos Sánchez se hacía eco aquí de un informe demoledor para la democracia: en el PP y el PSOE no lo han leído o les da igual. A decir de ambos, no hay crisis política e institucional. Siguen sin darse cuenta de que aquí las instituciones agravaron la crisis económica: se trataba de instituciones gobernadas por ambos, como las cajas de ahorros. Por eso no tienen una respuesta para esa enorme proporción de la humanidad que no ve el mundo a través de las lentes del bipartidismo. Les basta con falsear los debates. Y cuentan con los cómplices adecuados en los medios para que la simbiosis parezca un combate: qué rara es la...

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Al diablo el consenso

Según todos los indicios, vivimos en el año 2013, por tanto conviene actualizar los prejuicios y no pensar con los de 1975. Viene esto al caso de la noción de consenso, un valor político muy apreciado por la sociedad española y que, sin embargo, ha sufrido su última derrota con la humillante eliminación de Madrid como sede olímpica.

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Ese engendro llamado debate

Tengo varias opiniones sobre el debate de cartón piedra que va a perpetrar el duopolio PP-PSOE con la colaboración de la Academia de Televisión. Una, como ciudadana; otra, como periodista; y una tercera, como candidata de UPyD. Ninguna es favorable. Como ciudadana, formo parte de esas tres cuartas partes de la población que, según las pertinaces encuestas, no confía ni en Rubalcaba ni en Rajoy (curioso país en el que la gente vota masivamente a quien le inspira desconfianza, podría añadir aquí, pero quizá esto forme parte de mi visión de candidata, así que no lo escribo). Y desconfío del sarao que han organizado. Un debate pactado es como esos “robados” de las revistas del corazón en que el supuestamente sorprendido posa: yo hago como que no me doy cuenta y tú finges encontrarme por azar. Sacamos la fotografía que nos conviene y cobramos. Como periodista, creo que empobrece –más aún- la profesión reducir nuestro papel al de figura hiératica egipcia que se limita a distribuir tiempos de intervención pactados por los dos partidos, temas de debate pactados por los dos partidos, y etcétera pactado por los partidos. Hasta en la temperatura del plató se ha puesto de acuerdo el duopolio: está claro, no quieren sudar. La cuestión es que los periodistas están para hacer sudar a sus interlocutores, mucho más si se trata de dos personas con tanto poder y si pensamos que uno de los dos va a ser el próximo presidente del Gobierno (aunque tal vez esto sea lo que espero de los periodistas como ciudadana y quizá la docilidad del gremio ante la degradación de la profesión forme parte de mi decepción como espectadora, así que tampoco sé si debería escribirlo en este párrafo). Por último, como candidata de un partido minoritario y nuevo, que no ha ostentado ningún cargo ejecutivo en los años de la crisis, me parece sencillamente una tomadura de pelo que quienes gobernaban el país –por lo nacional, por lo autonómico y por lo municipal- vengan a explicarnos cómo nos van a sacar de la crisis. Puesto que su nulidad ha quedado de manifiesto, puesto que van a prometer cosas que han rechazado en el Congreso en estos años, deberían, al menos, dar cabida a los argumentos de otros partidos que, como UPyD, las llevaron a esa cámara. No puedo evitar percibir resabios antidemocráticos (y sospecho que esta percepción forma parte de mi condición ciudadana) en ese debate, por una cuestión concreta -ellos son los responsables de una ley electoral que margina a los pequeños- y por otra de principio: en democracia gobierna la mayoría, pero se respeta y se escucha a la minoría. Por si necesitaban alguna razón más para contener sus malas maneras, las plazas se han llenado de gente clamando contra el bipartidismo. Y ellos, lejos de cambiar la ley electoral, ¡resulta que aplican su hegemonía también en los medios! La conclusión directa es que, desde cualquier punto de vista, el debate es...

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