Schuster nos alivia
Schuster nos alivia - (ABC, 11-12-2008)
Cuando parecía que el destino de la política española apuntaba a alcaldes y diputados energuménicos -con permiso de Josep Pla para saquear El cuaderno gris-, y los periodistas analizaban la estructura profunda de los giros “tonto de los cojones” o “muera el Borbón”, un entrenador de fútbol ha sido cesado. Albricias. Un debate sobre Schuster, cuando se sale del bucle de los rebuznos, sabe a trascendencia pura: ni Husserl hubiera estado a la altura. Se comprende, pues, que la prensa haya echado el resto en asunto tan capital y le haya dedicado portadas y aperturas de informativos. ¿Acaso hay algo más importante en un país estancado, con un Gobierno avestruz y tres millones de parados? Para darles pan no sé si nos llegará, pero circo no les ha de faltar.
A veces ocurren estos accidentes. Se nos desmandan en la misma semana la libertad de información y la de expresión, que son distintas aunque a menudo se confundan, y nos sale un retrato del país tirando a primitivo. Los periodistas informan –libremente, como es su derecho- de lo que interesa a la gente, por supuesto; y los políticos se expresan –también libremente, como es su costumbre- con el lenguaje que galvaniza a su electorado, faltaría más. Como se ve, el responsable de que salgamos agachaditos en la foto es siempre el público. De quienes colocan su mercancía en los grandes mercados de la palabra, sólo puede elogiarse su sensibilidad popular. Por eso, si a usted le parece que España es el único país del mundo en que la libertad de información y la de expresión están amenazadas por quienes carecen de sentido del ridículo, hágaselo mirar. Probablemente sea usted un intelectual. Puag.




