No más víctimas
No más víctimas - (ABC, 5-6-2008)
Los profesores, periodistas, concejales, empresarios o jueces vascos que viven con una sombra guardándoles la espalda han de saber que la sociedad está con ellos, comprende su dolor y se va a encargar de sus necesidades. Hay que felicitarse, pues, de la moción aprobada en el Congreso con esos objetivos. Sin embargo, tengo mis reparos hacia el modo elegido para hacerlo: ampliar el concepto de víctima. Se propone considerar tales a quienes, como Regina Otaola, Vicente Itxaso o Mikel Azurmendi, son agredidos por filoetarras, viven amenazados de muerte, o se han marchado de la Comunidad Autónoma Vasca. No es una víctima todo el que vive marcado por los actos de ETA, sino más bien quien padeció su daño de manera fortuita y generalmente pasiva, incluso cuando se expuso para evitarle a otro la agresión.
Por el contrario, la vida de los amenazados está definida por la acción, por su respuesta frente a la coacción de ETA; han asumido la responsabilidad de participar en la vida pública a sabiendas del precio que pagarían. No son seres pasivos, sino sujetos activos que han tomado la decisión libre, consciente y admirable de no someterse a la tiranía del silencio. No pretendo establecer la superioridad moral de nadie, sino señalar que la voluntariedad otorga a los actos de esas personas una carga política que nos resulta imprescindible. Al llamarlos “víctimas”, como a Irene Villa, que contaba doce años cuando sufrió un terrible atentado, diluimos la dimensión política de su elección. Y es precisamente esa dimensión lo que más necesitamos. Si resulta imprescindible una etiqueta legal para protegerlos, los diputados deberían considerar que la condición de los amenazados se asemeja más a la del héroe que a la de la víctima.




