La ideología acecha
La ideología acecha - (ABC, 6-3-2008)
Que la Educación para la Ciudadanía es ideológica, dice el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Toma, claro. Menudos linces. Si algo lamento es que no hayan añadido a su hallazgo una exposición de cuán perniciosa puede llegar a ser esa ideología. No hablan de su carácter disolvente, su esencia subversiva, cómo alentó los movimientos revolucionarios de finales del XVIII y principios del XIX. ¿Sabe la gente que una cuadrilla de asamblearios franceses se atrevió a poner por escrito en agosto de 1789 que “la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y la corrupción de los gobiernos”? Pues eso es lo que debía recordar la sentencia, porque ahí empezó todo, ése es el sustrato ideológico de la asignatura, extendida por Europa como una epidemia: derechos inalienables, políticos y civiles, hasta para mujeres y homosexuales. Habráse visto.
Entonces se acuñó el concepto de ciudadano como lo entendemos hoy, con su repugnante carga ideológica. Con lo neutral que resultaba el de súbdito. La patulea de Cádiz trajo a España esa farfolla de la ciudadanía y desde entonces la intoxicación doctrinal no ha cesado de martillear ni un minuto. La Declaración de Derechos Humanos fue el acabóse: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Puag. Donde esté la asepsia de Gobineau o haya un imparcial teórico de la religión como única fuente de valores morales, que se aparte la bazofia ideológica. Lejos de los niños ese cáliz, que no contrasten los principios inculcados libremente por sus padres, porque luego hacen preguntas, y cansa tanto debatir durante la cena… Es mejor salvarlos del sistema político en que van a vivir. Tan ideológico, sí.




