El gorro de Papá Pitufo
El gorro de Papá Pitufo - (ABC, 15-9-2008)
Entre los muchos desatinos que provoca la obsesión por lo políticamente correcto, figura el de otorgar buen nombre a lo políticamente incorrecto, que está adquiriendo la reputación de verdad prohibida. Cada obra artística censurada redobla el prestigio de la incorrección política, especialmente entre la gente de orden, más y más proclive a la subversión.
¿No se ha presentado la briosa Sarah Palin como una mujer “anti-establishment”? ¿Cómo puede renegar del Estado quien aspira a ser su segunda cabeza visible? Habrá a quien le parezca una simpática gracieta, pero una contradicción de ese calibre resulta inquietante: como si Botín asegurara ante la junta de accionistas que tiene un plan para hundir a la banca mundial. Mi generación, abrevada en las enseñanzas de los pitufos, desconfía cuando la máxima autoridad de la tribu se apunta a la revolución: el padre pitufo ejercía su autoridad de manera incontestable; detentaba un poder omnímodo; legislaba, gobernaba, juzgaba. Y todo eso sin dejar de llevar nunca el gorro frigio.
Frente a la atracción irresistible que encuentra el poder en los atributos de la disidencia, conviene reparar en el concepto de lo “políticamente abyecto”, como hace Tzvetan Todorov en El espíritu de la Ilustración. La corrección política es un error, pero eso no transmuta por ensalmo lo políticamente incorrecto en la Verdad : decir que los negros son inferiores es políticamente incorrecto; además es falso; y además es políticamente abyecto.
Presentar a una hija de 17 años embarazada como una declaración de principios políticos es una trampa. Y no porque esa chica haya decidido no abortar, sino porque Palin trata de ocultar que un embarazo adolescente no deseado es un fracaso educativo, de los padres y del sistema público. En el mundo de hoy, una adolescente con un hijo tiene escrito un destino de precariedad -la mayoría no son hijas de la gobernadora de Alaska-, una vida sembrada de obstáculos, marcada por una súbita expulsión al mundo de los adultos sin haberse procurado una instrucción. Muchas ya no tendrán posibilidad de adquirirla, y quedarán mermadas en su desarrollo personal así como en su promoción social y profesional.
Los problemas empiezan cuando cae el amable telón de Juno, pero podrían haberse remediado con facilidad, antes del aborto, antes del embarazo, con unas simples indicaciones sobre el uso de anticonceptivos. Negar esa información y ensalzar una responsabilidad como la de la maternidad –brutal, apasionada y vitalicia- en muchachas de la edad de la ignorancia, que carecen aún de derechos políticos elementales y hasta de responsabilidad penal en muchos países, no es políticamente incorrecto, es políticamente abyecto. Nos retrotrae a los tiempos en que Josefa Amar y Borbón tuvo que escribir su Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, para explicar la importancia de que reciban instrucción. Y corría el año 1790. O sea que el gorro frigio de la Palin es tan falso como el del patriarca de los pitufos.




