El brazo de Nadal

El brazo de Nadal(ABC, 18-8-2008)

A mí no me impresiona lo de Phelps: ocho medallas bajo el agua sólo las consigue un gusarapo y además nadar la encoge. A mí el que me priva es Nadal, y admito desde ya que me rendiría en los calentamientos si hubiera de jugar contra su brazo acogedor y fiero. No obstante, desde que a Federer se le ha tronchado el suyo y la mueca del fracaso se le ha empadronado en la cara, me está resultando la mar de interesante. Y han llegado a hacérmelo entrañable las palabras que pronunció el día que fue eliminado: “Necesito entrenar más y también parar un poco”, dijo. ¿No es encantador?

Ahora podemos asegurar, en contra de Orson Welles, que Suiza ha dado al mundo algo más que el reloj de cuco, porque Federer ha descollado en Pekín como figura cimera del pensamiento aporético. Y la gente con esa singular destreza tiene futuro: se desenvolvería bien gestionando la economía mundial, sembrada, cual campo de minas, de paradojas antipersonas. En todo caso, los que llevan el timón no lo están haciendo mucho mejor.

Se ha cumplido un año de la crisis hipotecaria estadounidense y el Economist hace un balance muy crítico de la política de los bancos centrales consistente en rescatar a sus amigos de la banca privada mediante esa fórmula camuflada bajo el eufemismo de “inyectar liquidez al sistema financiero”. Se pregunta la revista, que no es sospechosa de veleidades colectivistas, por qué cuando la realidad económica es lúgubre, los mineros ven cómo se liquida la empresa en que trabajan, pero los banqueros no. Y cita las palabras de un economista americano, Nouriel Foubini, para quien esto “huele a socialismo para ricos”.

Federer lo ha sabido todos estos años. Tenemos que especular más y también parar un poco; tenemos que construir más casas y también parar un poco; tenemos que dar más hipotecas y también parar un poco. Lo malo es que en la fase ascendente del despiporre se enriquecen los especuladores inmobiliarios y los gángsteres del estraperlo bancario. Pero cuando llega la caída, el Banco Central Europeo pone su colchón de euros para amortiguársela a los que jugaron sucio, y no tiene más solución para los de abajo que parar un poco. Unos cuantos cientos de miles, de hecho, han parado por completo en la cola del INEM o están renegociando su hipoteca con usureros. Entretanto Zapatero, siempre a la vanguardia del socialismo –si ahora toca para ricos, pues para ricos- asume de lleno la aporía: suprime el impuesto de patrimonio a unos pocos mientras afirma que, si hace falta, recurrirá al aumento de la deuda pública, con el esfuerzo de todos.

La cosa pinta cruda, aunque según el presidente avanzamos hacia la recuperación con la fuerza de un vendaval. Mejor dejarse llevar por ensoñaciones del brazo de Nadal, sin parar ni un poco. Para que otros trafiquen con nuestras ilusiones, mejor traficamos nosotros.