¿Dónde hay que firmar?
¿Dónde hay que firmar? - (ABC, 26-6-2008)
No son Mario Vargas Llosa, Fernando Savater o Carmen Iglesias gente inclinada a solemnizar lo obvio. Que lo hagan respecto a la lengua española da idea del penoso estado mental en que nos han sumido tres décadas de dominio lingüístico nacionalista. En un país normal, el manifiesto en defensa de la lengua común –la arriba firmante lo suscribe en su integridad- constituiría un repertorio de obviedades de tal calibre que cualquier intelectual se sentiría abochornado de pronunciarlas con cierto énfasis. En un país normalizado lingüísticamente, como éste, hay que reunir un batallón para afirmar, atención, que la lengua común de España es el español. Aquí hace falta vestirse de armadura para criticar a la Generalitat de turno que manda a Murcia un papel incomprensible en nombre de la defensa de la “lengua propia”, ese engendrito; y hay que guarecerse en una almena antes de señalar que las consejerías autonómicas no practican la inmersión, sino el ahogo lingüístico.
Y lo peor es que, después de tomar todas estas precauciones, todavía sale algún zote criticando el manifiesto porque, según dice, el español no está amenazado en ninguna Comunidad Autónoma. Que no, hombre, que la salud del español la garantiza América, que los amenazados son los niños que no aprenderán el castellano culto porque sus padres no pueden permitirse un colegio de pago. Qué paciencia…
Se comprende, en estas circunstancias, que hayan sido necesarios treinta años para formar una corriente de opinión contraria a la dejación del Estado central en materia educativa. A ver si cuando celebremos en diciembre los treinta años de la Constitución , en vez de jalear los besamanos de costumbre, afrontamos de una vez que en ella está el error de origen. Nunca una obviedad despertó en mí tanta simpatía.




